STEPHEN CURRY: ALGO MÁS QUE UN MVP

El pasado lunes Stephen Curry era galardonado con el MVP de la temporada. Una coronación que le otorga el título de jugador más valioso, un premio que es sinónimo de entrar en el Hall of Fame. Existía un debate entre quién merecía más el MVP si Harden o Curry, pero en las votaciones el base ha superado claramente a la barba. Este nombramiento puede tener su justificación en los números. Curry ha firmado unos promedios de escándalo: 23.8 ptos, 7.7 asist, 4.3 rbts, 2 robos, 48.7% TC, 44.3% T3, 91.4 %TL y todo en 32.7 minutos, lo que le convierte en el MVP que menos minutos ha promediado en la historia. Su equipo tenía un +11.5 de diferencia con él en pista y han conseguido el mejor récord de la liga (67-15) firmando una temporada histórica, siendo la mejor defensa y el segundo mejor ataque. Sin embargo, las estadísticas son como los bikinis: dejan ver algo, pero no lo más importante, y lo más valioso de Curry no se encuentra en los números sino en las sensaciones.

Stephen Curry

Ver jugar al base de los Warriors provoca un sinfín de sensaciones agradables y eufóricas. Es increíble observar como un hombre delgado y “bajito” reina entre atletas gigantes. Un “asesino con cara de niño”, con mirada inocente, que revienta un partido con dos triples en un minuto y una sonrisa en la cara. Desenfunda su mano derecha como si de un duelo de vaqueros se tratase, con una rapidez en la ejecución del tiro nunca antes vista. La coordinación ojo-mano de Curry es de las mejores de la liga y no sólo la hace valer en sus tiros, sino también en los pases, los botes y reversos que dejan a los rivales plantados. Comete muy pocos fallos para la increíble velocidad con la que juega y suele tomar la mejor decisión en apenas décimas de segundo. Lo hace de una manera natural y espontánea, que surge del amor por el baloncesto y la diversión con la que Curry afronta los partidos. Disfrutar de sus partidos como local es algo difícil desde España porque los partidos empiezan a casi las 5 de la mañana. Sin embargo, recurriendo a un concepto económico como el coste de oportunidad, se entiende que haya aficionados que elijan sacrificar horas de sueño con tal de disfrutar del show de Curry. Y es que disfrutar de este mago del tiro provoca “efectos secundarios” como la segregación de endorfinas y serotonina, sustancias relacionadas con la felicidad y el bienestar. Por lo que el juego de Curry en algunas personas puede crea “adicción”.

Stephen Curry es el jugador que perfectamente conecta los dos principales objetivos del baloncesto: la competición y la diversión. El baloncesto puro es un deporte en el que el objetivo principal es la diversión. Sin embargo, la NBA es la más alta competición del mundo del baloncesto y vemos a muchas estrellas fruncir el ceño para intentar ganar a toda costa. Pero Curry lo hace con una sonrisa. Es un jugador que lleva al baloncesto a la categoría de “arte” y no sólo destaca por lo que hace sino por el cómo lo hace. El base de los Warriors destaca por el fondo y la forma. Ha sido el mejor jugador del mejor equipo, y al mismo tiempo uno de los jugadores más espectaculares que incluso ha conseguido en múltiples ocasiones hacer de un triple la mejor jugada de la jornada.

Curry-shoes

En las declaraciones tras recibir el MVP Curry afirmó que quería ser un ejemplo y una inspiración para todo el mundo, y observando sus inicios podemos aprender de él y de su mentalidad. Al acabar el instituto Curry quería enrolarse en la Universidad de Virginia Tech. Sin embargo los ojeadores le habían tachado de ser “bajo, poco atlético y frágil”, por lo que sólo recibió tres ofertas de becas de Universidades que jugaban en primera división. Así que decidió unirse a la humilde Universidad de Davidson donde demostró su increíble capacidad anotadora. En ningún momento perdió su confianza en sí mismo y ahora casi 10 años después se encuentra en la cima del baloncesto mundial. Curry es un ejemplo de positividad, de confianza en uno mismo, de que siempre es mejor hacer las cosas con una sonrisa en la cara. Un mensaje en sus zapatillas deja ver esta confianza que le ha permitido llegar hasta aquí: “I can do all things”. Curry así, se convence de que “puede hacer cualquier cosa” y al decírselo verdaderamente lo consigue. Sus defensores deberían decirse lo mismo para tener alguna posibilidad de pararlo.

Curry ha traspasado el juego en sí y se ha convertido en la imagen de la NBA. Su silueta tirando de tres bien podría ser un logo como el de Jerry West. El base nacido en Akron ha conseguido aficionar y enganchar a mucha gente a la NBA. Es uno de los jugadores más queridos como se pudo comprobar al convertirse en el jugador más votado para el All Star y en que su camiseta es la segunda más vendida. Es un ejemplo para que los niños aprendan de él, tanto dentro de la pista como fuera. Todo el mundo destaca lo agradable y buena persona que es. Recibió hace cuatro años el premio a jugador con mayor deportividad y es uno de los jugadores que mejor trata a la prensa y al aficionado. En los agradecimientos que dedicó a su padre Dell Curry, ex jugador NBA, y a sus compañeros se pudo observar su humildad, lo cual le hace más grande. Es un jugador increíble, el indiscutible MVP y aunque Tony Allen diga que “no es nada que no haya visto antes” se equivoca. El juego y la magia de Curry es algo nunca visto. Es el Aquiles de la NBA y su único punto débil se encuentra en sus tobillos que por las lesiones nos ha privado en otras temporadas de disfrutarlo como en esta. Así que disfruten cada segundo de este mago del tiro, de este domador de gigantes y cuenten que vivieron en los tiempos de Curry…

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