LAS LÁGRIMAS DE ROSE

El pasado 31 de octubre, en la noche de Halloween, pudimos ver la resurrección de uno de los jugadores que dábamos por “muertos”. No era un jugador cualquiera, no era un secundario, ni un hombre de rol, hablamos de un MVP, el MVP más joven de la historia. El pasado miércoles, Derrick Rose anotó 50 puntos para conseguir la victoria frente a los Jazz, una actuación histórica mucho mayor que lo que indica esa alta anotación o que lo que significa esa victoria para su equipo. Esta noche será recordada por todos los aficionados, una noche emotiva, una de esas historias por las que amamos la NBA. Viviremos madrugadas con más puntos, con más espectáculo, pero es difícil que esta temporada tengamos alguna noche tan especial y emotiva como la noche de los 50 puntos de Rose. Una noche en la que el propio protagonista acabó con lágrimas en los ojos. Para entender este llanto de emoción, es necesario hacer un repaso a su trayectoria, a su carrera truncada por las lesiones, al camino de Rose, de la gloria a la tragedia.

Todo comenzó con la lotería del draft de 2008. Los Chicago Bulls, a pesar de sólo contar con el 1,7% de posibilidades de elegir en el número 1, consiguieron esta primera elección. De esta manera pudieron elegir a la joven promesa local, un Derrick Rose nacido y criado en Chicago, que había brillado en el instituto local de Simeon, para más tarde hacerlo en la universidad de Memphis. En su primer año en la liga, Rose ganó el Rookie del Año con unos promedios de 16,8 pts, 6,3 ast y 3,9 rbts. Inolvidable su debut en Playoffs con 36 puntos y 11 asistencias (el mejor debut de un rookie en Playoffs desde Jabbar en 1970) en esa histórica 1ª ronda contra los Celtics (para muchos la mejor 1ªronda de la historia) que se decidió en 7 partidos y en la que se disputaron 7 prórrogas.

En su segundo año debutó como All Star, ya tenía la repercusión de una de las grandes estrellas de la liga. Era el cuarto jugador que más camisetas vendía (detrás de Kobe, LeBron y Howard). Fue en su tercera temporada en la que Rose hizo historia. Lideró a los Chicago Bulls a las 62 victorias y fue galardonado con el MVP (25 pts, 7,7 ast y 4,1 rbts), con tan sólo 22 años, el MVP más joven de la historia. Su carrera apuntaba a leyenda. Para darnos cuenta de la grandeza de ser MVP en tu tercera temporada y con tan sólo 22 años, vamos a pensar en los mejores jugadores actuales que cumplan esos requisitos, jugadores como Jaylen Brown, Domantas Sabonis o Brandon Ingram. Imaginemos la locura que sería que uno de esos jugadores fuese MVP esta temporada. Finalizó esta temporada disputando las Finales del Este contra los todopoderosos Miami Heat (4-1) de LeBron, Wade y Bosh, pero en Chicago volvían a soñar con recuperar los años de gloria que no habían vivido desde la marcha de Jordan.

Es en la siguiente temporada donde todo cambia. Fue la temporada del lockout, Rose fue titular del All Star, el 2º jugador más votado por los aficionados, firmó un contrato multimillonario con Adidas, era una de las grandes estrellas, un fenómeno mediático que sobrepasaba el baloncesto, pero fue entonces cuando todo pasó. Era el primer partido de los Playoffs, los Bulls vencían por 12 puntos a los Sixers, restaba 1:22 para finalizar el partido, Thibodeau mantenía a sus mejores jugadores en cancha y en ese momento Derrick Rose en un dribling, sin contacto, salta y al caer se rompe el ligamento cruzado de su rodilla izquierda. En ese momento no lo sabíamos, pero su rodilla y su carrera como leyenda se quebraron en ese instante. Ya nada sería igual.

Después de más de 10 meses de rehabilitación, luchando por volver, por recuperar esa rodilla, Rose recibe el alta médica en marzo de 2013, pero él no estaba mentalmente preparado para volver a la cancha. La prensa y los aficionados fueron muy crueles, no entendían que su estrella no jugase con su equipo. En Chicago eligen que su ídolo ahora será el guerrillero Joakim Noah y se vuelcan con la progresión de Jimmy Butler, mientras ven como su MVP viste de traje en el banquillo en vez de lucir la elástica de los Bulls. Rose declaró que no volvería hasta que no estuviese al 110%. Y así fue, en la siguiente temporada le vimos con unas condiciones atléticas inmejorables, se decía que incluso saltaba 10 centímetros más, todos nos moríamos de ganar por volver a ver al base de Chicago surcando los aires y recorriendo la cancha en 3 segundos. Pero otra vez la mala fortuna apareió, en el décimo partido de temporada Rose se rompe el menisco en su rodilla derecha, baja toda la temporada. 10 meses fuera. Otra vez. Imaginemos el mazazo psicológico después de todo lo que había pasado con su rodilla izquierda, toda la presión que había sentido con la campaña de Adidas (“The Return”), toda la presión de volver a llevar a una mítica franquicia como los Bulls a lo más alto, todas las críticas por parte de prensa y aficionados, a Rose le tocaba luchar de nuevo.

En la temporada 2014-2015, Derrick Rose volvió a saltar a una cancha de baloncesto, después de 29 meses en los que sólo había disputado 10 partidos. Rose ya no era el MVP que llegó a ser, su juego y su rendimiento habían bajado notablemente, aunque todavía era un jugador importante que promediaba 17 puntos. Pero en febrero de 2015 sufre otra rotura del menisco medial en su rodilla derecha, lesión muy similar a la sufrida 15 meses antes. Derrick Rose se pierde sólo 20 partidos y precipita su regreso para ayudar a su equipo en los Playoffs. Es en esos Playoffs en los que Rose nos deja la última gran actuación con el equipo de su ciudad natal. El base de los Bulls anotó un triple sobre la bocina para ganar a los Cavs de LeBron en el tercer partido de la semifinales de Conferencia. Los Bulls se ponían 2-1 en una serie que finalmente vencieron los Cavaliers. Al acabar la temporada el entrenador Tom Thibodeau es despedido.

La temporada siguiente es una decepción en Chicago, no disputando los Playoffs por primera vez en 8 años. Al finalizar, Derrick Rose es traspasado a los Knicks. Su leyenda en Chicago queda inacabada. En su única temporada en Nueva York promedia 18 puntos, pero deja malas sensaciones y algún problema extradeportivo como aquel día de partido en el que Rose había desaparecido sin dar explicaciones a su equipo. Había volado a Chicago para estar con su madre y no se lo había comentado a nadie de los Knicks. Rose era víctima de una crisis anímica, de problemas psicológicos como los que destaparon el año pasado Kevin Love y DeMar DeRozan. El 2 de abril de 2017, Derrick Rose se somete a su cuarta operación de rodilla, esta vez en el menisco de su rodilla izquierda. En julio de 2017 firma con los Cavs por el mínimo de veterano. El MVP más joven de la historia dando tumbos por la liga y firmando por el salario mínimo. En su segundo partido en los Cavs, cae mal y se tuerce el tobillo, se pierde 4 partidos, después tiene una recaída, un esguince en su tobillo izquierdo, espolón óseo, y…lo deja. Derrick Rose abandona el equipo, se retira a su casa, está harto de estar herido, siempre lesionado. Es entonces cuando aparecen los rumores sobre su retirada, aunque él no se había pronunciado al respecto. Su juego ya no está adaptado al baloncesto moderno, el base permanece sin equipo durante un mes y es entonces cuando vuelve a aparecer Thibodeau para incorporarle a sus Wolves. Finaliza la pasada temporada en Minnesota y renueva otra temporada por el mínimo de veterano. Y así llegamos a la histórica noche vivida el pasado 31 de octubre.

Antes de que comenzase el partido frente a los Utah Jazz, los Timberwolves comunicaron que Jimmy Butler, Jeff Teague y Tyus Jones se perderían el partido, quedando Rose como único base puro en la plantilla, lo que permitió que saltara a la cancha como titular y asumiese más protagonismo. Le entran los tiros desde el principio, se le ve con confianza, y llegamos al final del partido. Estando 3 puntos abajo (119-116) Rose coge las riendas de sus Wolves, se echa el equipo a la espalda y anota 9 de los 12 últimos puntos de su equipo, triples, penetraciones, crossovers…y anota el punto 50 desde el tiro libre, compañeros y aficionados asisten incrédulos a lo que acaban de ver. El malogrado Derrick Rose acaba de firmar el mejor partido de su carrera en anotación, 50 puntos. Los Jazz piden tiempo muerto y tendrán la última posesión para empatar con un triple, en el tiempo muerto ya se observa a Rose con lágrimas en los ojos, emocionado por lo que está haciendo, por cómo se está sintiendo, y es con esas lágrimas con las que Rose pone el tapón decisivo al intento de triple de Dante Exum. Acaba el partido en Minnesota con victoria para los Wolves, 125-128. Derrick Rose ha anotado 50 puntos. El milagro de Halloween.

Las lágrimas de Rose son las de todos nosotros, es el llanto de emoción cuando lo has dado todo. En esas lágrimas Rose echó toda una amalgama de sentimientos y emociones que había acumulado durante más de 6 años, después de cuatro operaciones de rodilla, después de abucheos, críticas, lesiones y depresiones. Todas las emociones salieron en forma de llanto: Dolor. Frustración. Rabia. Injusticia. Lucha. Coraje. Impotencia. Cansancio. A veces nos cuesta empatizar con estrellas del deporte, son jóvenes millonarios que parece que lo tienen todo. Sin embargo, las tragedias, la lucha, el sufrimiento de estas estrellas nos acerca a ellos. Por eso, el pasado 31 de octubre todos lloramos con Rose, todos hemos podido sentir emociones parecidas, ya sea en el deporte o en la vida. Muchos sabemos lo que es que una lesión, que un paso mal dado, que una casualidad del azar acabe en tragedia. Que la vida te aleje de tu pasión, de tu deporte favorito, de esa cancha donde celebras tus logros y minimizas tu fracaso, ese sonido de la red que te relaja y te hace sentir bien. Derrick Rose fue una estrella NBA, es un jugador multimillonario, es un afortunado en la vida a pesar del calvario de lesiones que ha acumulado. La vida del que les escribe apenas se parece al de una estrella del deporte. Sin embargo, hay algo que tanto Rose como yo compartimos: la pasión por el baloncesto, el amor por el deporte de la canasta. Esa pasión que te arrebatan las lesiones, esas declaraciones de Rose en las que te ves reflejado: “Sólo quiero ser feliz jugando”. Porque el baloncesto es un juego, pero no es sólo un juego, es mucho más que eso, muchos lo entendemos como un modo de vida. Y a veces utilizamos este juego para expresarnos, casi como una excusa para contar una historia, para transmitir pensamientos, vivencias, sensaciones, es un escenario, el “teatro de nuestra vida” en el que actuamos transmitiendo sentimientos. Ya sea con un balón entre las manos o escribiendo a través de este artículo.

 

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