¿Quo Vadis Miami Heat?

Parece evidente que desde la marcha de un jugador del calibre de Lebron James, un equipo atraviesa por momentos difíciles y si no que se lo digan a Cleveland Cavaliers cómo les ha ido durante sus dos salidas. De ahí la importancia del bloque que estuviese construido en torno a su figura y las posteriores decisiones realizadas en la gerencia resultan claves para alargar todo lo posible la llegada de las vacas flacas.

Ese parece haber sido el caso de Miami Heat, cuya ‘cultura’ les ha llevado a competir cada temporada y a ganarse el respeto de la liga gracias a esa filosofía ganadora y al buen hacer en los banquillos de la mano de Erik Spoelstra, quien se ha consagrado en la liga como uno de los mejores entrenadores en sacar el máximo de jugadores abocados a ser carne de banquillo (James Johnson o Wayne Ellignton) en casi cualquier otra franquicia o incluso, jugadores llamados a encasillarse en la G-League o fuera de la NBA han conseguido hacerse un nombre entre los mejores (casos como Hassan Whiteside, Tyler Johnson o Rodney Mcgruder).

Podría decirse que el último gran proyecto de los de South Beach consta de la temporada 2015-16 cuando los Heat contaban con las últimas grandes versiones de Dwyane Wade y Chris Bosh (quien antes del All-Star disputó, hasta la fecha, el último partido de su carrera por un nuevo caso de coágulos de sangre), la dirección de Goran Dragic llegado vía traspaso desde Phoenix un año antes, el descubrimiento de Hassan Whiteside, las elecciones en el draft de Justise Winslow y Josh Richardson y junto a ellos, un elenco de jugadores como Amar’e Stoudemire, Luol Deng, Joe Johnson y Gerald Green. Sólo el ya mencionado problema de salud de Bosh y una lesión de Whiteside durante la segunda ronda de playoffs frente a los Raptors privó a los Heat de haber disputado las finales de conferencia frente a los Cavs y no me cabe duda de que habrían puesto las cosas muy difíciles a los que, a la postre, fueron campeones.

Fue al comienzo de la temporada 2016-17 cuando parecía que los Heat iban directos a la reconstrucción, después de ver como en verano el mayor icono de la historia de la franquicia puso rumbo a Chicago. Los Heat se plantaron durante el mes de enero con un balance de 11-30 para después ganar trece partidos consecutivos y acabar la campaña con un balance de 41-41 justo por detrás de los Bulls, quienes ocuparon la última plaza de playoffs. Esa gran segunda mitad de temporada, llenó de esperanzas tanto a los aficionados como a la directiva, quien quiso recompensar a los héroes de la gesta con unas más que generosas renovaciones (casos como Dion Waiters o James Johnson).

Bien pues una vez hechas las renovaciones y una vez que el equipo se quedó a las puertas de firmar a Gordon Hayward en la agencia libre, Miami afrontó la temporada 2017-18 con la convicción de mantener un nivel cercano al tramo final de la pasada campaña (emularlo era algo imposible) y poder destaparse como la sorpresa de la temporada plantando cara a los aspirantes al Este. Fue una temporada marcada por la irregularidad, la cual se acabó saldando con la eliminación a manos de los Sixers en primera ronda tras cinco partidos tremendamente intensos y físicos en los que el talento de los de ‘Philly’ terminó por decantar la balanza a su favor.

Y es que justo ahí es donde reside el principal problema de los Heat: la falta de talento. El único jugador con nivel ‘All-Star’ es Goran Dragic y sólo el año pasado disputó su primer partido de las estrellas y gracias a las numerosas lesiones que hubo. A partir de ahí no hay mucho más, tan sólo un elenco de jugadores que, hay que reconocerlo, aportan un grado de intensidad muy exigente para los rivales gracias a la buena preparación física (una de las señas de identidad de la ‘cultura’ de este equipo) y un alto grado de versatilidad, permitiendo así poder ofrecer numerosas alternativas, tanto en defensa como en ataque. Pero ninguno ha demostrado tener la capacidad suficiente para acompañar al esloveno en tareas de creación y liderazgo. De hecho, uno de los pocos capaces de generar en el ‘uno contra uno’ como es Dion Waiters, lleva sin jugar desde el 22 de diciembre de 2017 por una lesión en el tobillo que requirió cirugía y aún se está a la espera de su regreso y su estado físico. Por suerte, Josh Richardson ha conseguido mostrar una más que evidente mejora en sus prestaciones y le convierte en un ‘go to guy’, aunque sea con alfileres.

Aparte de la escasa capacidad de desequilibrio tras bote, los Heat tampoco disponen de ejecutores que acompañen a Dragic o Wade, por lo que son comunes los períodos de partidos en los que el equipo sufre verdaderos colapsos en ataque y de ahí que la inconsistencia sea uno de los aspectos más característicos de este grupo. Sólo Wayne Ellington o Kelly Olynik suponen amenazas reales en tiros tras bote. Eso supone la ausencia de espacios y la práctica de tiros forzados, lo que les coloca actualmente como el peor equipo en porcentaje de tiros de campo (43,4%) y pese a ser el 7º en tiros libres intentados son penúltimos en cuanto a porcentaje (70,2%)

El año pasado ya mostraron una tónica habitual en el apartado ofensivo y lo cierto es que si algo ha caracterizado a este equipo en los últimos años es su progresión y mejora de resultados a medida que la temporada avanza a causa de, como hemos mencionado antes, la gran preparación física a la que el ‘roster’ es sometido, mientras que otros equipos suelen acusar más la acumulación de partidos. De hecho, según un artículo publicado por Hoopshype, uno de los objetivos marcados es que todos los jugadores se encuentren por debajo del 10% de grasa corporal y aquel que no lo consiga al término de la temporada, es sancionado económicamente. De ahí que, una vez alcanzado el ecuador de las dos últimas temporadas, los Heat tengan un récord de 50-32.

Cabe mencionar que la verdadera fortaleza de este equipo reside en la defensa, donde Erik Spoelstra se ha encargado de construir un entramado que actúa como un bloque, comandado por un núcleo de jugadores capaces de alternar en distintas posiciones, lo cual es idóneo para el baloncesto moderno practicado actualmente. Precisamente el trío formado por James Johnson, Justise Winslow y Josh Richardson comandan esa tela de araña compleja y dinámica. El problema está en que este año la defensa está brillando por su ausencia y los datos lo reflejan en comparación al año pasado:

  • Puntos encajados del rival: 4º en 2017/18 a 12º en 2018/19
  • Rating defensivo: 8º en 2017/18 a 10º en 2018/19
  • Puntos del rival tras pérdida: 11º en 2017/18 a 28º en 2018/19
  • Puntos del rival tras rebote ofensivo: 11º en 2017/18 a 30º en 2018/19.

Lo cierto es que uno de los puntales de la defensa como es James Johnson, se ha perdido los primeros quince partidos a causa de una pubalgia de la que tuvo que ser operado y es por ello que, a partir de ahora, los datos mostrados arriba deberían mejorar según el calendario avanza.

Pese a que el comienzo de temporada no ha sido satisfactorio (su balance a 2 de diciembre es de 8-13), queda aún mucha temporada por disputarse, pero es aquí donde yo, como aficionado del equipo, me planteo lo siguiente, ¿cuál es el camino que la franquicia debería tomar? Los Heat llevan ya un par de años en tierra de nadie; es decir, no tienen el suficiente nivel como para aspirar a una de las plazas punteras del Este, pero compiten y se esfuerzan lo suficiente como para no caer al fondo de la clasificación y así, comenzar una reconstrucción vía draft.

Como comenté antes, varios de los integrantes de la plantilla poseen un contrato que actualmente no corresponde con su nivel y eso deja a Pat Riley sin margen de maniobra como para tantear a alguien en la agencia libre durante las próximas dos temporadas por lo menos. Hablamos de jugadores como Dion Waiters, Hassan Whiteside, Tyler Johnson o Justise Winslow, quienes a pesar de haber contribuido notablemente a los resultados del equipo, perciben un salario excesivo para su estatus. Para nada quiero sonar hipócrita y reconozco que celebré los contratos de alguno de estos u otros miembros, pero eso debería servir para que la directiva aprenda en el futuro y más teniendo en cuenta que Dwyane Wade se marchó a los Bulls después de haber perdonado dinero en infinitas ocasiones.

 

Independientemente de si los resultados mejoran o no, cabe esperar un sinfín de rumores cuando se acerque la fecha límite de traspasos, aunque va a ser complicado colocar a alguno de los jugadores mencionados anteriormente en un posible ‘trade’, por lo que habrá que aguantar el acuerdo hasta su fin. Visto el punto hasta el que han llegado los Heat actualmente me rondan una serie de preguntas:

¿Hasta que punto merece la pena competir cada temporada en la NBA y darle continuidad a un bloque?, ¿un aficionado valora más una filosofía como la de los Heat aunque conlleve estar en tierra de nadie o prefiere vivir varias temporadas llenas derrotas para luego convertirse en aspirantes como ‘el proceso’ de los Sixers? ¿ha perdido Pat Riley esa habilidad para firmar superestrellas ya sea vía agencia libre o vía traspaso?

Personalmente siempre he apostado por un modelo que busque competir y tratar de luchar por los playoffs porque como cualquier aficionado, odio ver a mi equipo convertirse en un perdedor. Pero luego veo a equipos como Sixers o Lakers que han revertido su situación a base de sacrificar el presente para ser mejores en el futuro y es ahí donde veo la filosofía del ‘tanking’ con otros ojos. De hecho, cabe establecer un símil de esta franquicia con una tradición cristiana de los Hechos de Pedro y es que cuando en el año 64 el emperador Nerón inició una caza de cristianos, Pedro huyó de la ciudad y en su camino se encontró con Jesucristo al que le preguntó: “¿Quo Vadis Domine?”. Jesucristo le respondió y avergonzó a éste, quien regresó y asumió su fatal destino. En este caso los Heat, como Pedro, tratan de huir de una reconstrucción cada vez más cercana e inevitable y sólo el devenir de esta temporada o algún hecho circunstancial, determinarán si sigue huyendo o asume su destino para así resucitar.

 

 

 

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